http://www.olimpourbano.com/wp-content/uploads/2017/05/rapvenezuela1.jpgHistorias del rap venezolano. Artículo de opinión Colombiano

Historias del rap venezolano. Artículo de opinión Colombiano

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Al margen de la situación, el rap venezolano está en su mejor momento y ha logrado establecer una industria sostenible. Una mirada al éxito y las contradicciones de esta generación

        Cerrando el mes de enero, coincidieron en Bogotá Akapellah y Lil Supa, representando a Venezuela en un evento donde también estuvieron artistas de Colombia, Chile, México y Perú. Pero fueron los dos venezolanos quienes movieron buena parte de la convocatoria. Akapellah acababa de estrenar Milki, un trap estilo Atlanta sobre la inflación en Venezuela, mientras que Lil Supa protagonizaba las discusiones entre los fanáticos del género por su espectacular canción nueva y el video que la acompañaba, Luz. Es inevitable sentir que Venezuela y sus raperos comandan la escena, algo que también se notó hace unos seis meses cuando el caraqueño Gona vino a estrenar su álbum 8 Lunas.

       El público latino del rap, si no ha tenido la oportunidad de verlo, es la fantasía de cualquier estrella de rock. Efusivo, fiel, conocedor de sus ídolos y heterogéneo (hay casi tantas mujeres como hombres alzando las manos). Son además, en buena medida, menores de edad. Adolescentes que no se guardan nada en su fanatismo; acaban de descubrir la música que amarán por el resto de sus vidas y no les queda más remedio que demostrarlo. Un público que ha permitido abrir las fronteras para los raperos venezolanos, que recorren toda Latinoamérica y Europa (a Supa no le fue nada mal en Asia).

FOTO. FELIPE RAMÍREZ/FTZ STUDIO
FOTO. FELIPE RAMÍREZ/FTZ STUDIO

Esto apenas comienza

Al igual que nuestras repúblicas, cuyos orígenes estuvieron tan entrelazados desde el comienzo, el rap venezolano y el colombiano crecieron muy de cerca. Es difícil saber a ciencia cierta cómo llegó o quiénes fueron los primeros. Especialmente porque el hip hop es más que rap, y durante años tuvimos generaciones de breakers, grafiteros y freestylers que no grabaron ni una sola pista.

Aunque es famoso por la fusión y la electrónica, “Jhon Pri” de Systema Solar es más rapero que un mural de Canserbero (y se ganó la primera Batalla de los Gallos que hubo en Colombia). Además, es colombo-venezolano. Jhon creció en Caracas, y allí conoció el hip hop. “En el 92 bailaba breakdance. En ese tiempo en Venezuela el hip hop era muy callejero. Todavía se hacía beatbox, se freestyleaba en la calle. No era tan organizado como en Colombia, donde ya hacían grabaciones”. Primera se refiere a las grabaciones iniciales de Gotas de Rap, que llegaron a Venezuela, seguidas de cerca por los primeros trabajos de La Etnnia.

El rap empezó a pisar fuerte en Venezuela a finales de los 90, concentrándose en la zona que produciría la mayoría de los talentos del género: Maracay. Alrededor del 97, Afromak empezó a crear beats y producir temas con un incipiente grupo de jóvenes entusiastas, formando el grupo Comando 57. “Ellos se encargaron de instruir y acoplar a todas las generaciones que les siguieron”, recuerda Akapellah. Así se formaron grupos como Niggaz Feel da Hood y Supremacy, ambiente en el que crecieron dos figuras esenciales del hip hop venezolano: Lil Supa y Canserbero.

Tyrone González (Can) y Marlon Morales (Supa) nacieron en Caracas, pero ambos crecieron en las zonas aledañas a Maracay. La leyenda dice que Canserbero y Afromak no encontraban cómo grabar, hasta que Supa invitó a Can a grabar en El techo, un estudio improvisado, y de esas grabaciones surgió Basyco, donde ambos colaboraron. Posteriormente sacarían su álbum conjunto Can + Zoo. Con Apache, que venía de “Las Minas City” (Baruta), formaron una generación que empezaría a exportar rap, sin mencionar a todos los beatmakers y productores como El Dojo y Kpu, que convirtieron a Maracay en la capital venezolana del hip hop. Por esas épocas sonaba una etiqueta que hoy resulta incómoda: rap conciencia. Canserbero y Supa buscaban crear rap introspectivo, rimas que hablaran al oyente de sus búsquedas personales. “El rap dice mucho. Y decir mucho es peligroso. El rap es meterte en la candela, es tener algo interesante para decir”, dijo Canserbero alguna vez. Muy de cerca los siguió Akapellah, menor que ellos, cuyo rap tiene mucha más influencia internacional. Varias de sus rimas son en spanglish; ha probado con canciones de trap y se ha beneficiado de una nueva oleada de seguidores del hip hop que lo han convertido en una de las estrellas más virales del género.

Tyrone González logró crear una de las carreras más exitosas del hip hop en Latinoamérica, y además de eso alcanzó un estatus de leyenda para sus seguidores que aún no tiene paralelos en la joven historia del género. Basta con salir a las calles de las muchas ciudades por las que salió de gira para encontrar su nombre en grafiti, y hasta tatuajes de su cara. Razón de más para que en 2015, tras publicar varias grabaciones icónicas, sus fanáticos quedaran aterrados con su muerte el 20 de enero. Canserbero dejó el mundo a los 26 años, forzando la pregunta de hasta dónde habría sido capaz de llegar si siguiera entre nosotros.

FOTO. CORTESÍA LIL SUPA
FOTO. CORTESÍA LIL SUPA

La crisis

Paralelamente, Venezuela se adentraba en el chavismo. Desde 1999 hasta su muerte en 2013, Hugo Chávez gobernó Venezuela y transformó el país desde la base, rediseñando todo el aparato institucional como parte de su Revolución Bolivariana. El socialismo de corte militarista de Chávez provocó una primera gran diáspora en la que las clases altas, sus mayores opositores, empezaron a huir del país. Después de la muerte de Chávez, asumió el poder Nicolás Maduro, y desde entonces el país vio cómo se agudizaba la crisis económica y social que hoy, para sus críticos, tiene a Venezuela al borde de ser un Estado fallido.

Chávez asumió el poder el 2 de febrero de 1999, meses antes de que se disparara el precio del barril de petróleo a un índice sin precedentes (De USD 11 escaló hasta los USD 103). Durante 17 años, entre 1999 y 2014, Venezuela tendría ingresos por 56.500 millones de dólares anuales, informó BBC Internacional. El petróleo fue el principal insumo del chavismo para establecer alianzas diplomáticas y sostener el gasto público. Además, según Ricardo Hausman, economista venezolano exiliado y profesor de Harvard, “Venezuela no usó el boom petrolero para ahorrar para la época de vacas flacas, sino para quintuplicar la deuda externa”.

A Maduro le tocó asumir justamente los años de vacas flacas. Como resultado, Venezuela ha alcanzado una inflación del 1600% según el Fondo Monetario Internacional. Además, la escasez de alimentos y la inestabilidad política provocaron una segunda gran diáspora, esta vez de venezolanos de clase trabajadora, lo que creó un tejido internacional de exiliados. Como resultado de todo esto, Caracas escaló al primer lugar de las ciudades más peligrosas del mundo, y ocho ciudades venezolanas en total aparecen entre las 50 más violentas del planeta.

FOTO. CORTESÍA GABYLONIA
FOTO. CORTESÍA GABYLONIA

El jodido sentir de la calle

El rap de Caracas muestra el lado más crudo de la calle venezolana. Gabylonia empezó como rapera desde niña y ya es una de las grandes del género. Su canción más famosa, Abuso de poder, habla de las desapariciones forzadas que se le atribuyen a la Policía y el Ejército. Ella confirmó a Rolling Stone que después de la canción “no pudimos volver a tocar en Venezuela”. “Solo te puedo afirmar que recibí un mensaje de la policía diciendo que yo no debí lanzar ese tema. Y después se me cerraron varias puertas, como el Suena Caracas. No me dejaron montar al escenario”.

La violencia en las calles también protagoniza varias letras de Gona. Escápate, de su último álbum, es una especie de crónica roja, que describe una serie de homicidios y episodios con la inusual manera de modular la voz del MC, que además es un buen beatmaker. TamGO, otro MC de Caracas, ha llevado todavía más lejos sus rimas, atacando de frente el régimen y a sus simpatizantes, como se puede oír en Mentira.

En Maracay, que hace parte de la zona Central del país, la violencia también ha marcado las vidas de sus artistas. Canserbero, por ejemplo, perdió a su hermano mayor, y si nos guiamos por la letra de Es épico, entendemos que eso nunca dejó de atormentarlo.

Después de la muerte de Canserbero, Juan Ortelli, director de Rolling Stone Argentina, viajó a Maracay. A eso del mediodía, acompañado de Gustavo Boombox (mánager de Lil Supa) y su esposa, esperando para recoger a Akapellah, dos hombres con armas largas los amenazaron en un intento por robarles la camioneta, pero lograron evitarlos cuando la mujer aceleró el carro y los perdió. “Mano, no pasaron ni dos horas y ya lo habíamos olvidado”, recuerda Akapellah. “Estábamos comiendo arepas en un sitio y nos llegan unos sicarios con pistola en mano. Frenan la moto, me apuntan y dicen: ‘No, no es, nos confundimos’. Ahí a Ortelli está a punto de darle el segundo infarto”. Cuesta creerlo, pero a eso de las 12 de la noche, dos ladrones se acercaron al grupo de Ortelli y Akapellah. “Al día siguiente hizo lo que tenía que hacer y cambió el vuelo para irse”, cuenta el venezolano entre risas.

Hustlin’ para resistir

Con todo esto, la mayoría de los raperos venezolanos han evitado enfocarse en la crítica social en sus carreras. A diferencia de Cuba, donde gente como Rxnde Akozta y Los Aldeanos usaron el hip hop como instrumento de denuncia y cambio social (y algo de eso hizo Orishas), los venezolanos han optado por enfocarse en sus carreras y salir adelante.

Somos unos felices de mierda”, dice Akapellah, a quien le causa gracia que el rap francés y el español hablen más de la corrupción y la violencia que ellos. “Los que estamos vueltos mierda vacilamos a morir, hermano. El primer tema venezolano protesta de la inflación es Milki. ¡Y es una rumba, marico!”.

De espaldas a la crisis, en Venezuela empieza a gestarse una industria prolífica y sostenible, 100% independiente. Hay productores, mánagers y beatmakers que han establecido un ecosistema de relaciones amigables para gestionar carreras exitosas y promover nuevos talentos. Armando, alias K12, productor y mánager, es uno de los que le está apostando a la incipiente industria en Venezuela. “Todos nos ayudamos, men. Hay crews que hacen video, otros saben de marketing, otros saben monetizar en YouTube. Nadie es enemigo de nadie, así sean de diferentes géneros”. Según K12, entre los venezolanos no es tabú hablar de dinero, y tienen bien establecido cómo remunerar los servicios. Además, los mánagers de los artistas que giran se comunican entre sí para que no haya competencia desleal y todos sepan cuánto cobrar en diferentes lugares. Esta profesionalización, sin perder la independencia, ha hecho que los artistas tengan una proyección económica envidiable.

“Además de su creatividad y la calidad en sus contenidos, los raperos de Venezuela se creen el cuento de ser artistas”, dice David Rentería, periodista colombiano especializado en rap y director de Radiónica 3. “Cuando ellos vienen a tocar a Colombia, por ejemplo, ganan en dólares. Esos recursos se multiplican allá. Eso hace que puedan invertir más en su carrera. Para Rentería, además, ayuda el hecho de que en Venezuela hay mayor apertura de géneros, y el rap les llega incluso a personas que oyen otros estilos. “Es más abierta la mentalidad, no es como Medellín y Bogotá que son más radicales con las divisiones”, comenta Nanpa Básico.

FOTO. SIMÓN RESTREPO
FOTO. SIMÓN RESTREPO

Sin embargo, esto no implica que el movimiento esté a salvo de la crisis. A pesar del optimismo, artistas como Akepallah, Supa y Apache son conscientes de que las oportunidades en su propio territorio son limitadas. “Solo duramos dos meses en nuestro país”, cuenta K12, “de resto estamos de gira”. Además, Akapellah ya se reubicó en México, y posiblemente otros venezolanos continúen la tendencia de la diáspora. “Afuera nos hemos encontrado con gente que vivía en nuestro mismo pueblo. Eso del éxodo también juega un papel importante por la cantidad de venezolanos que te reciben en el país que se te ocurra”.

Una cosa es lo que haga el poder, y otra lo que haga su gente. Mientras los venezolanos se preguntan por el futuro del régimen actual y su economía, los raperos están dando un buen ejemplo de cómo trabajar sin envidia, sin ver la ganancia de otros como una pérdida. Por ejemplo, el Dojo, crew de producción que se ha convertido en una institución del rap, promueve y apoya artistas jóvenes de trap, reggae y otros ritmos que podrían considerarse anatema en otros círculos. Algo de eso tiene que contribuir a que el rap de Venezuela no se agache frente a la crisis y siga mirando hacia adelante.

Con todo esto, ¿le están dando la espalda los artistas venezolanos a su gente? Será difícil sostener la buena onda si el panorama social y económico sigue empeorando, aun cuando sea tan idiosincrático poner buena cara. “Acá en la costa caribe tenemos la alegría, la echadera de vaina, la broma, yo creo que eso también influye en las canciones. No todo tiene que ser malo. Es importante que la gente sepa que sí están pasando cosas, pero estamos en pie y vamos a luchar para solucionarlas. También hay que saberlo pilotear”, dice John Primera.

Fuente: rollingstone

Categories: Rap Nacional

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